miércoles, 12 de septiembre de 2012

Masones en la Luna

Es incuestionable que, por medio, de sus diversos ritos, la francmasonería es la heredera de numerosas tradiciones que nos retrotraen al Egipto faraónico. Lo sorprendente es que algunos de sus miembros, estratégicamente situados en la NASA, han programado algunas misiones espaciales de acuerdo a conocimientos y simbolismos de marcado cariz masónico, es más, la mayoría de los viajes a la Luna fueron protagonizados por miembros de esta sociedad secreta.


“Es un pequeño paso para el hombre y un gran salto para… la masonería”. Las palabras pronunciadas por Neil Armstrong el histórico 20 de julio de 1969 no fueron exactamente estas aunque pudieron haberlo sido, a juzgar por los datos que ofrecemos a continuación.
El primer viaje del hombre a nuestro satélite natural fue protagonizado por una delegación de la masonería y, no sólo eso; el alunizaje del Apollo XI fue programado de acuerdo al calendario de Osiris, el dios más importante del panteón de los antiguos egipcios y figura emblemática del hermetismo que sirve de base a algunos ritos francmasónicos. ¿Sorprendido? ¿Incrédulo tal vez?
Hasta diez astronautas de la agencia espacial norteamericana, NASA, han sido o son masones. Donn F. Eisele y Walter M. Schirra, por ejemplo, que orbitaron nuestro planeta hasta en 163 ocasiones desde la cápsula del Apollo VII, formaban parte de la logia Luthor B. Turner de Columbus (Ohio) y de la logia Cañaveral, en Cocoa Beach (Florida), respectivamente. También Thomas P. Stafford, que voló a bordo de la Misión Apollo X y Apollo XVIII, formó parte de la logia Western Star, en Weatherford (Oklahoma).
La masonería especulativa, en cuyas filas hemos de situar a estos y otros cosmonautas, tiene como objetivo la consecución de una sociedad humana más armónica, justa y fraternal partiendo de una mejora personal de sus miembros. Para ello, esta sociedad discreta utiliza ritos y tradiciones que fueron protegidos celosamente por los constructores medievales de catedrales –llamados masones operativos- quienes se organizaron en gremios para preservar sus secretos profesionales. Hay quienes piensan, sin embargo, que sus raíces se remontan más atrás, 1.000 años antes de Cristo, durante la construcción del Templo de Salomón en Jerusalén o, incluso, mucho antes, cuando en Egipto se erigieron las grandes pirámides.
En cualquier caso quienes conservan y transmiten la Tradición iniciática son, por lo general, hombres que evidencian una sincera inquietud por el Conocimiento. En él ven una forma de trascender, de entender qué se esconde tras las meras apariencias físicas y mentales del mundo en el que vivimos, aunque no siempre es así.
Para algunos, la masonería sigue siendo un universo poblado de figuras sombrías que, a menudo, buscan en la sociedad secreta influencia y poder. Desde la más remota antigüedad la masonería ha entremezclado en su red las artes negras del espionaje, la subversión y la revolución. Y justo eso es lo que el asesor científico de la CBS y antiguo consultor de la NASA, Richard Hoagland, asegura que hay detrás de la presencia de masones en la conquista lunar. Y no sólo por parte de quienes subieron a bordo de las cápsulas sino, sobretodo, entre los responsables de la agencia espacial y el personal técnico que diseñó la misión.
Es conocido que uno de los padres de la Jet Propulsión Laboratory (JPL), Jack Parsons, creador de los combustibles empleados en los cohetes espaciales, fue miembro de una logia de la OTO (Ordo Templi Orientis) en Pasadera y discípulo del mago Aleister Crowley.
El responsable de la NASA durante el programa espacial Apollo, C. Fred Kleinknect, es ahora Soberano Gran Inspector del Council of the Southern Jurisdiction y grado 33 del Antiguo Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Se dice que en la Casa del Templo, en Washington DC, hay una fotografía de Neil Armstrong sosteniendo su Delantal Masónico a la altura de la cintura. El primer hombre que pisó la Luna, sin embargo, jamás ha reconocido formar parte de la francmasonería. La confusión, seguramente, pueda estar motivada porque su padre, que también se llamó Neil, sí fue un activo masón. Sorprende comprobar como seis de los diez astronautas con filiación masónica reconocida, formaron parte del proyecto Apollo que pretendía llevar al hombre a la Luna, un desafío en el que convergieron intereses científicos, financieros, políticos y estratégicos junto a otros de difícil catalogación, aunque repletos de simbolismo. Me explico.

La Conexión oculta
Richard Hoagland lleva años al frente de una peculiar cruzada contra la administración norteamericana. Pretende demostrar que su gobierno sabe que no estamos solos en el universo desde hace años y que posee evidencias contundentes de ello. No sólo por las visitas de OVNIs sino porque –en su opinión- tanto en la superficie lunar como en la marciana hay estructuras artificiales construidas por nuestros vecinos cósmicos a los que identifica como los instructores del hombre en tiempos remotos y, por tanto, dioses del pasado que quedaron inmortalizados en los ritos empleados por los francmasones.
Pues bien, este veterano consultor de la NASA, afirma que tras los proyectos espaciales se esconde algún grupo iniciático de corte masónico o iluminista que pretende retomar ese contacto. Sus sospechas se fundamentan en que muchos de los lanzamientos y aterrizajes del proyecto Apollo tienen lugar coincidiendo con significativos alineamientos con la constelación de Orión. Y son tantos que descarta que puedan ser atribuidos a la casualidad. El 20 de julio, sin ir más lejos, el día en que el módulo lunar descendió sobre la superficie de nuestro satélite, coincide curiosamente con el inicio del calendario egipcio. De ahí deduce que “alguien” con notable influencia en el seno de la NASA venera al dios Osiris cuya expresión estelar es, precisamente, la constelación de Orión. Todavía hay más. Treinta y tres minutos después de alunizar (33 son los grados de la mayoría de ritos francmasónicos), Sirio se alineaba perfectamente con el horizonte lunar mientras era perfectamente visible Orión, a 19,5º de altura. ¿Casualidad?
En absoluto. Los lugares de alunizaje de las misiones Apollo fueron seleccionadas por Eugenio Shoemaker y el geólogo Farouk Al Baz, este último, curiosamente, estuvo involucrado en una investigación arqueológica que pretendía explorar el interior de la Gran Pirámide de Keops mediante técnicas de geo-radar. La Gran pirámide, como es sabido, presenta notables alineaciones estelares, algunas de las más significativas tienen lugar con Sirio y Orión. Para los masones, además, la pirámide es el receptáculo del Conocimiento de la Humanidad, escondido en 33 cámaras ocultas que todavía no han sido halladas. Su representación simbólica figura, como es sabido, en el reverso del billete de dólar.

Simbología oculta
Por si alguno de ustedes todavía alberga dudas, le invito a echar un vistazo a los anagramas del programa espacial norteamericano y descubrir con asombro la presencia de símbolos de gran significado mágico-esotérico (ver abajo).
En efecto. Pocos han advertido que tras la estilizada A del proyecto Apollo se esconde, también, la constelación de Orión, trasunto del dios Osiris de la mitología egipcia. El trazo horizontal de la A está formado por las estrellas Mintaka, Alinam y Alnitak, del mismo modo que las tres pirámides de la meseta de Gizá lo representan en la Tierra.
Se da la circunstancia que Osiris fue considerado por los antiguos egipcios una suerte de “educador” celestial. Según su mitología, descendió a la Tierra junto a Isis (Sirio) con la misión de enseñarles a vivir en ciudades, conocer la agricultura y desvelar los misterios del mundo de los muertos. Cabe preguntarse, entonces, ¿qué hace Orión en el emblema de una misión espacial?
La respuesta, sin duda, está en la mitología. En julio de 1960, Abe Silverstein, director de desarrollo de vuelos espaciales de la NASA, sugirió el empleo de la mitología greco-romana en los nombres y emblemas de los proyectos Mercurio, Géminis y Apollo.
El primero alude al dios mensajero, muy apropiado para el nombre de una cápsula que prepara el terreno de una rápida misión. El nombre de Géminis también parece lógico para un proyecto en el que las naves son tripuladas por dos astronautas y volaron a la par que sus gemelas en el espacio pero, ¿por qué Apollo en la conquista y exploración lunar?
En la mitología griega, Apolo era el hermano de Artemisa (Luna). Como no podía consentir el romance que vivía su hermana con Orión dispuso que un escorpión monstruoso le diera caza. Pero fracasó. El experimentado cazador viendo que la armadura del escorpión era a prueba de armas mortales decidió tirarse al mar y huir. Cuando Orión ya estaba lejos, apostó con su hermana que no era capaz de hacer diana contra la cabeza que se vislumbraba en las aguas y que, según le explicó, era la de un malvado que acababa de seducir a una de sus sacerdotisas. Artemisa, segura de su puntería, aceptó el reto, apuntó con su arco a la cabeza y la atravesó con su flecha sin saber que, en realidad, estaba disparando a su amado Orión. Al conocer la verdad, su dolor fue tan grande que le puso en el cielo como una constelación que ocupa una posición diametralmente opuesta a Escorpio de modo que cuando Orión se va al ocaso por el horizonte occidental surge el “escorpión” en el oriental. Se diría, por tanto, que el emblema del proyecto Apollo representa el triunfo de éste sobre la Luna (Artemisa) aunque llama la atención que para ello sea preciso pasar por el cinturón de Orión, según se deduce del trayecto que parte de la Tierra al rostro del dios reflejado en la Luna y que adquiere un notable pero discreto protagonismo en el logotipo. ¿Sugiere que la clave de la Luna se halla en esta constelación venerada por todas las grandes civilizaciones de la humanidad?

Haciendo cábalas
Pese a todo, la NASA dice que las estrellas del cinturón de Orión deben ser identificadas con los tres astronautas de la misión y no con ninguna otra conjetura. Aunque resultan llamativas ciertas claves numéricas presentes en la carrera espacial. Las seis misiones Mercurio, por ejemplo, atendían a la singularidad de que el número siete aparecía después del nombre (Freedom 7, Liberty Bell 7, Friendship 7, etc…). Siete es, también, el número máximo de ocupantes que el Shuttle puede llevar a bordo y, el número de fatalidades en ambos desastres del Challenger y el Columbia. El 12 es otro de los números ocultos y corresponde, entre otros, al número de astronautas que pisó la Luna.
Para cábalas numéricas, sin embargo, nada como la Misión Apollo XIII, considerada por el ex piloto de la USAF, William Cooper, como una suerte de sacrificio masónico. La explosión en el módulo Acuario tuvo lugar a las 13 horas y 13 minutos del 13 de abril de 1970. Como el número trece representa la muerte y el renacimiento, la reencarnación, el sacrificio, el incidente fue, según Cooper, una metáfora de una ceremonia de la iniciación que incluye la muerte (explosión), colocación en el ataúd (periodo de incertidumbre de su supervivencia), comunión con el mundo espiritual y la asunción de conocimiento esotérico (la órbita y observación de la Luna sin contacto físico) y el renacimiento del iniciado (solución de problema y reparaciones).

Símbolos masónicos en la Luna
Algunos han sugerido que para ganar poder sobre la Tierra, era necesario dominar la Luna. No me refiero sólo al dominio militar sino a tomar el dominio simbólico. Si alunizar era una cuestión mágica, alguien se lo tomó al pie de la letra. El primer masón en caminar sobre la Luna fue Edwin Buzz Aldrin, en julio de 1969. A la sazón, pertenecía a la logia Montclair, de New Jersey aunque también ha formado parte de la logia Clear Lake, en Waco, Texas.
En sus memorias, Aldrin explica que su deseo era llevarse a la Luna el anillo masónico de su padre pero que no pudo hacerlo porque lo extravió. Menos conocido es que el astronauta transportó consigo otro objeto que hoy es motivo de culto por parte de los miembros de esta sociedad secreta. Escondida en el interior del traje espacial, Aldrin se llevó a la Luna una pequeña bandera del Supremo Consejo de la masonería norteamericana. En el centro había sido bordada un águila así como la escuadra y un compás entrelazados, los símbolos masónicos por excelencia. Una reproducción del estandarte es exhibido en la biblioteca-museo del Scottish Rite Temple de Washington DC. Algunos no dudan en afirmar que esta operación reclama simbólicamente la “jurisdicción territorial masónica” de la Luna para su logia… No queda todo aquí. Treinta y tres minutos después de alunizar, cuando Sirio se hacía visible en el horizonte, Aldrin llevó a cabo un ritual en la Luna. En la página 233 de su libro Regreso a la Tierra, escribe que “antes de comer nuestro snack, yo busque en mi kit personal y saqué dos pequeños paquetes que habían sido preparados a petición mía. Uno contenía una pequeña cantidad de vino, y en el otro una hostia. Con ellos y un pequeño cáliz, tomé la comunión en la Luna, leyendo para mí una pequeña tarjeta en la que había escrito una parte del libro de Juan usado en la ceremonia tradicional de la comunión.”
Resulta significativo que el primer acto del hombre en la Luna, antes incluso de colocar la bandera estadounidense, fuera la comunión.

Masones que vieron OVNIs en el espacio
Otros dos masones más caminaron por la Luna posteriormente. El primero fue Edgar D. Mitchell, el 5 de febrero de 1971, tras ser conducido hasta allí a bordo del Apollo XIV. Mitchell forma parte de la logia Artesia, de la ciudad del mismo nombre en Nuevo México. Unos meses después, el 26 de julio, James Irwin, integrante de la misión Apollo XV, se convirtió en el tercer y último masón que visitó nuestro satélite. Su nombre figura entre los miembros de la logia Tajon, en Colorado Springs.
Se da la circunstancia que ambos tienen relación con los OVNIs. Irwin por haberlos filmado desde el espacio y Mitchell porque ha denunciado la política de ocultación de su gobierno al respecto y, en la actualidad, lidera diversas iniciativas que pretenden romper el silencio de la administración.
Otro de los astronautas que vio OVNIs en el espacio fue Leroy Gordon Cooper. Sucedió durante el programa Mercury, el 15 de mayo de 1963. La cápsula Faith VII detectó la presencia de extraños objetos cerca de la Luna. Cooper llegó a afirmar que, incluso se filtraron voces insólitas en los aparatos de transmisión. Tras el episodio fue decretada una orden de silencio total en torno a los OVNIs. Cooper pertenecía a la masonería desde hacía tres años, siendo miembro activo de la logia Corbonale, en Colorado.
Xavier Casinos, autor de Quién es quién masónico, menciona a otro importante masón: John Glenn, seleccionado en 1959 para formar parte de la tripulación del programa Mercury. Glenn describió la primera órbita alrededor de la Tierra en 1962. Entonces todavía no era miembro de la logia Concorden, en New Concord (Ohio) pero se da la circunstancia que, 36 años después, Glenn volvió al espacio formando parte del Discovery junto al español Pedro Duque.
La lista de astronautas masones la cierra, hasta el momento, Paul J. Weitz, tripulante del Skylab 2 que forma parte activa de la logia Lawrence, en Eire, Pennsilvania.
Puede que sólo sea una llamativa coincidencia pero, como hemos visto, los inicios de la carrera espacial norteamericana y, de forma significativa, la conquista de la Luna mantuvo estrechos lazos con la masonería especulativa. Con mayor o menor fundamente se ha relacionado a esta sociedad secreta con la independencia de las colonias americanas, la revolución francesa o, incluso la internacional socialista, ahora cabe añadir otro hito más en la historia de la Humanidad… a conquista del espacio.

Josep Guijarro

Emblemas con mucha enjundia

Durante las misiones individuales al espacio, los astronautas de la NASA tuvieron libertad para bautizar a su antojo a sus cápsulas. Gus Grissom, por ejemplo, llamó al primer vuelo del Gemini el Moly Brown, en honor al perro que sobrevivió al hundimiento del Titanic. A la NASA no le pareció gracioso y, a partir del Apolo IX bautizó las cápsulas y diseñó los emblemas. Algunas fueron nombradas como sucesos astronómicos. Así los módulos lunares “Orion” (Apollo X) y “Antares” (Apollo XIV) una estrella roja en la constelación de su eterno enemigo, el escorpión. Algunos fueron llamados como famosos buques, “Yankee Clipper” (Apollo XII) “Endeavur” (Apollo XV) y “Challenger 2 (Apollo VII).

Apollo I
Su emblema no esconde, todavía, ningún simbolismo oculto  pero Hoaglan asegura que fue un “sacrificio Masónico” deliberado para asegurar el éxito del proyecto Apollo. Recordemos que el 27 de enero de 1967, durante unos ensayos de lanzamiento, se incendia la cabina de la nave y tres astronautas pierden la vida por no poder abrir la trampilla. Entre los fallecidos un masón de la logia Mitchell de Indiana, el astronauta Virgil I. Grissom.

Apollo XI
El emblema de la misión que condujo al hombre a la Luna el 20 de julio de 1967 muestra un águila imperial, un símbolo masónico y, también, solar. Entre sus garras sujeta una rama de olivo, fue incluida, aparentemente, para que su diseño pareciera menos agresivo.

Apollo XII
El emblema del Apollo 12 está presidido por un navío que viaja al Mar de las Tormentas, el lugar de alunizaje de la misión. El velero del escudo habla, simbólicamente, de la evolución de los barcos hasta las naves espaciales. Cuando los barcos llegaron a las costas de los Estados Unidos, supusieron el comienzo de la exploración marítima. Ahora las naves espaciales, abren el camino a otros planetas y el Apollo XII marca el inicio del uso de las bases espaciales.

Apollo XIII
El emblema de la misión Apollo XIII fue realizado en el último momento ya que Jack Swigert fue sustituido por Ken Mattingly Jr. Por esa razón no son visibles los nombres de los astronautas. El escudo de esta misión es el único que reproduce una imagen mitológica real, la del carro de fuego de Apolo, simbolizando la extensión de la luz y el conocimiento. El emblema  incluye por primera vez una frase “Ex Luna, Scientia.” (De la Luna, Conocimiento).
El módulo Lunar recibió el nombre de “Acuario” en honor al Dios Egipcio que simboliza el agua, la fertilidad, la vida y el conocimiento en el valle del Nilo. Al menos eso contó el comandante de la misión, Jim Novell.

Apollo XVII
La insignia de esta misión está dominada por la imagen del dios Apolo (el Sol), enmarcado en una estilizada águila. Tres barras rojas simulan el plumaje. En realidad se trata de la bandera americana junto a las tres estrellas blancas  que de nuevo nos trasportan a Orión y, a la vez, a los tres astronautas de la tripulación. El fondo es de color azul y en él se dibujan la Luna, Saturno y una galaxia espiral. La Luna está recubierta parcialmente por el ala del águila lo que significa que el hombre la ha visitado y conquistado. 
La mirada del águila se dirige a las metas más próximas: Saturno y la galaxia.


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